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Mantener una dieta saludable siempre exigió mucha voluntad: las harinas blancas, los postres y la “chatarra” tientan. Pero últimamente ganó terreno otro requisito: poder pagar esa dieta. Porque la inflación parece haberse ensañado con los alimentos más recomendados por los nutricionistas. La brecha creció respecto de los menos sanos y ahora una pareja porteña con dos hijos chicos ya precisa al menos $ 16.170 para comer bien: unos $ 135 por persona por día.

El dato surge de un estudio, al que accedió Clarín, realizado por la Escuela de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA y el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA).
En el relevamiento, hecho en la Ciudad y el Conurbano, los expertos evaluaron el costo de una “Canasta Saludable de Alimentos” armada según lo que aconsejan las Guías Alimentarias para la Población Argentina del Ministerio de Salud.

Se trata de una dieta ideal, donde dos tercios de las calorías provienen de alimentos puntuados como de “calidad alta” por tener “alta densidad de nutrientes”, como lácteos, frutas y hortalizas frescas, legumbres, cereales integrales y pastas de sémola. En ese menú sano, otro 20% de las calorías surgen de opciones de calidad “intermedia”, como pan común, galletitas de agua, harinas blancas, arroz blanco, fideos comunes, papa, batata y choclo. Y el resto son artículos de “calidad baja”, que se deberían limitar, como el azúcar y los dulces.

Según el estudio, para comer así, una familia tipo porteña gastó en mayo $ 12.430 en los alimentos de alta calidad: un 77% del presupuesto.

Esto incluye $ 3.650 en lácteos y quesos, $ 2.830 en carnes y huevos, $ 2.390 en hortalizas (sin contar papa, batata y choclo) y $ 2.400 en frutas, a los que se suman $ 680 en cereales integrales, legumbres, avena y fideos de sémola, y $ 480 para los aceites. En los de calidad media se van otros $ 1.530 y en los de calidad mínima, $ 2.210.

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