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El clásico de Avellaneda comenzó con una carga emotiva muy intensa. Tras el histórico triunfo de River a unas cuadras del Libertadores de América, el Rojo y la Academia se vieron las caras en un partido que expuso el orgullo de la ciudad.
El clásico de Avellaneda comenzó con una carga emotiva muy intensa. Tras el histórico triunfo de River a unas cuadras del Libertadores de América, el Rojo y la Academia se vieron las caras en un partido que expuso el orgullo de la ciudad.

El espectáculo comenzó con un dominio claro del dueño de casa, pero el que generó las ocasiones con más peligro fue el equipo de Diego Cocca. Un centro de Gustavo Bou que no logró capitalizar Maximiliano Cuadra y un mano a mano de La Pantera que terminó en los guantes de Martín Campaña amenazaron al Diablo con la llegada del grito albiceleste.
El espectáculo comenzó con un dominio claro del dueño de casa, pero el que generó las ocasiones con más peligro fue el equipo de Diego Cocca. Un centro de Gustavo Bou que no logró capitalizar Maximiliano Cuadra y un mano a mano de La Pantera que terminó en los guantes de Martín Campaña amenazaron al Diablo con la llegada del grito albiceleste.

La respuesta del combinado de Ariel Holan se basó en la calidad de Martín Benítez y Emiliano Rigoni. La clave estaba por las bandas y la velocidad de los intérpretes desarticulaba a la última línea de Racing. Sin embargo, la falta de efectividad en el último toque mantenía con calma a Agustín Orion.

En el complemento un pase en profundidad de Barco dejó en una posición perfecta a Gigliotti. El Puma empleó su experiencia y exigió al veterano arquero con pasado en San Lorenzo, Boca y Estudiantes, con un violento disparo. La respuesta de Orion brindó un rebote lejano que no pudo aprovechar Domínguez.

Fue un tiro libre de Rigoni el que hizo explotar al público local. El cordobés se adueñó de una pelota parada y buscó el palo que le correspondía a Orion. Como ocurre habitualmente en el arco de Racing, el de Ramos Mejía cometió un grosero error al abandonar su posición y facilitar la conquista de la figura de la tarde. Por sus errores individuales la Academia hipotecaba sus posibilidades en territorio ajeno. El historial entre ambos equipos se hacía sentir en las tribunas.

El gol fue un quiebre en el espectáculo. Los de Holan ganaron confianza y los de Cocca se desesperaron con el aplique de la pierna fuerte como único recurso. Así, una vez más, Independiente se quedó con el clásico de Avellaneda. El festejo de la gente permite soñar en grande. Sobre todo después del golazo que improvisó Maximiliano Meza en la última escena del espectáculo. La Garganta del Diablo se llenó de alegría de la mano de un técnico que demuestra un trabajo serio y confiable. Independiente quiere volver a ser el grande que fue en el ámbito local e internacional.

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