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Los juegos que ayudan a entrenar al cerebro para mejorar su foco de atención, armar estrategias para llegar a un objetivo, establecer controles inhibitorios para ir en forma gradual o mejorar lo que se llama la “memoria de trabajo”, ayudan a los chicos que tuvieron menos oportunidades en su entorno familiar a mejorar los aprendizajes y equipararse con los que provienen de contextos menos vulnerables.

“Son simples juegos que ayudan a entrenar el cerebro. El término neurociencias aplicado a la educación está muy en boga últimamente pero esta rama de la ciencia no es una receta mágica para mejorar los aprendizajes” dijo a Télam Andrea Goldín, investigadora del CONICET en el Laboratorio de neurociencia de la Universidad Torcuato di Tella.

La investigadora, junto a un grupo de profesionales de distintos centros de estudios, fue quien ideó un juego llamado Mate Marote que se aplica en escuelas desde el 2008 y que mejora la comprensión de los niños por ejemplo en matemáticas, en especial a aquellos que por distintos causas tienen varias inasistencias a la escuela.

Goldín destacó que “lo que hicimos no es magia de las neurociencias sino simplemente aportar, a través del juego y del entrenamiento específico, al desarrollo cognitivo necesario para aprender lo que fueran a enseñarles en la escuela”.

Este juego, aplicado en niños de primer grado de entre 6 y 7 años de dos escuelas públicas porteñas y también con chicos de tercer grado y de nivel inicial, logró demostrar un grado de avance en las notas de los alumnos tras haber jugado un tiempo con Mate Marote.

“Cuando fuimos a ver las notas notamos mejoras en todos, pero en especial con los que tenían notas más bajas y que asistían menos a las escuela porque quizás no tuvieron en los seis años previos al ingreso el entrenamiento adecuado de sus capacidades cognitivas”, refirió Goldín durante la jornada para docentes que organizó la empresa Exito.

Explicó que el cerebro “es un órgano que va cambiando todo el tiempo a medida que pasan los años y que, a medida que va aprendiendo cosas nuevas (estímulo externo) , genera una reacción o comportamiento que cambia su forma y que lo predispone de otra manera cuando se enfrenta con el mismo estímulo. Esto se desarrolla todo el tiempo y se llama círculo virtuoso”.

“Sabemos que el cerebro necesita jugar, que necesita dormir bien para reacomodar sus piezas y que necesita alimentarse lo suficiente para estar en condiciones de asimilar mejor esos estímulos externos y aceitar ese círculo virtuoso”, aseguró la investigadora.

“Ahora lo que nosotros hacemos desde el 2008 es estimular esas capacidades cognitivas que tienen que ver con fijar un foco de atención y no dispersarse para resolver un problema, establecer una estrategia para llegar a su resolución formentar esos controles inhibitorios necesarios para ir paso por paso y en forma gradual”, precisó Goldín

También el juego lo que hace es “además de planificar como llegar a ese objetivo, saber sortear los imprevistos, ir por caminos alternativos en caso de un obstáculo, para volver a reencontrarnos todos con el mismo objetivo”.

Goldín aseguró que esto “no sólo sirve para los chicos más pequeños sino también para los adultos, por eso Mate Marote -que no es la única alternativa para mejorar la cognición- establece muchos desafíos que también les llega a la gente mayor”.

Tras el juego “vimos claramente como esos chicos tuvieron ese empujón que necesitaban tener y que no poseían porque no tuvieron un entorno familiar más favorable”, dijo.

Goldín volvió a insistir que el juego “no es una receta” sino que es “entender cómo funciona el proceso de aprendizaje. Desde las neurociencias se sabe que hace falta dormir bien y hay fundamentos de cómo deberían ser las evaluaciones para fomentar el aprendizaje”.

“No es lo mismo tener notas bianuales que cuatrimestrales tener parciales o finales, todo va a depender de cada uno, como asimila esos cambios y como se entrena a su cerebro para esas modificaciones. El ajuste fino depende de cada uno, no funciona para todos por igual”, detalló la especialista.

Goldín manifestó que “sería bueno que los chicos pudieran jugar a este tipo de juegos al menos una vez por semana, pero sabemos cuáles son las prioridades, una escuela que tiene que ocuparse en darles de comer a los chicos no se va a ocupar de estos juegos”.

“En el nivel inicial se juega mucho y muchos de estos juegos que están en la currícula tienen que ver con estimular estas capacidades pero todo depende del entorno de la escuela y de que tipo de población escolar tenga para aplicar o no estos juegos”, aseguró.

En la creación de Mate Marote. intervinieron además otros dos laboratorios de CONICET: el equipo de Sebastian Lipina (Unidad de Neurobiologia Aplicada, CEMIC) y el de Diego Fernandez-Slezak (Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada, de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, entre otros.

El juego, cuya aplicación es gratuita, no solo se desarrolla en la Argentina sino también en escuelas de Uruguay, Chile y Panamá, además de países europeos como Francia y Suiza.

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