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Poco antes de ser arrestado, Luiz Inácio Lula da Silva dialogó con el religioso dominico Frei Betto, con quien estaba en 1980 cuando lo detuvo la policía política de la dictadura. “Voy a salir más fuerte” de la prisión prometió Lula, que desde ayer a la noche está en una celda de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba.

Lula centró sus críticas en el juez Sergio Moro, responsable de la causa Lava Jato y quien ordenó su arresto.
Fueron reprimidos con gases lacrimógenos y balas de goma | Nueve heridos frente a la prisión de Curitiba
“El decreto de detención dado por Moro es porque yo soy el sueño de consumo de Moro, toda esta payasada que él y Globo hacen todos los días necesitaba que yo fuera preso. El hizo esto por vanidad personal y tal vez por subordinación a la red Globo, porque Globo es la que manda en Lava Jato y el deseo de tener mi foto preso es la única explicación que hay, porque todavía hay recursos (pendientes) que vamos a presentar el lunes”.
De remera celeste, algo mal planchada, Lula conversó con Betto en el sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, donde se mantuvo durante dos días cuando miles de simpatizantes formaron un cordón humano.

“Estoy muy tranquilo, bien con mi conciencia, yo dudo que Moro y Deltan Dallagnol (fiscal de Lava Jato), se acuesten tranquilos después de las mentiras que dijeron en mi contra”, destacó.

“Yo sabía que el impeachment contra Dilma (en 2016) no era para parar a Dilma, ellos no querían que el PT pudiera volver, no quieren políticas de inclusión social”, señaló.

El jefe petista envió un saludo a Leonardo Boff y los “compañeros” de las pastoral social y la Teología de la Liberación. Y agradeció a Frei Betto por su actitud en 1980, cuando Lula comandaba a los metalúrgicos paulistas.

Ahora “estoy mucho más tranquilo que en 1980 (detenido por dictadura), Frei Betto estaba en mi casa, fue Betto el que golpeó en la puerta de mi casa y me dijo: Lula la policía está aquí”. También recordó que cuando subió al vehículo policial pensó que la dictadura lo haría desaparecer.

“Después prendí la radio y supe que Betto habló con don Paulo Evaristo Arns (arzobispo de San Pablo) y don Paulo hizo la denuncia, y allí pensé estoy salvado”, recordó finalmente Lula.

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